Salía de casa andando y dos manzanas más allá, camino de la parada del autobús, lo encontré solo, caído, abandonado, con expresión triste de dejado de la mano de Dios y del hombre, y me dio pena. ¿Será verdad que algunos juguetes, que los peluches sienten: tienen vida? El osito está triste. ¿Qué tendrá el pobre oso? Abandono, soledad.

Cuando volví ya no estaba. Seguramente alguien, al verle, sintió algo parecido a mí y le dio un nuevo hogar donde podrá apapachar y ser mimado.

¿Será verdad?

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