Tengo que pensar en por qué hago este blog o si lo hago porque sí. ¿Quiero ser famoso? ¿Alguien adquiere fama por un blog? No creo. ¿Quiero ser reconocido como un buen escritor? Puede que sí pero no es eso. Soy bueno, aunque consciente de mis propias limitaciones y estoy seguro de que tendré muchos críticos, suponiendo que entren muchas personas a leerme. También pienso que puede ser que lo haga porque me siento generoso y digo algunas cosas que valen la pena para que aprendan. Esto es mentira. Mi satisfacción por ser útil o reconocido supera cualquier atisbo de generosidad al creerme algo original y pensar que puedo dar, yo, la oportunidad a algunos para que sepan más y aprendan cosas nuevas. ¿De mí?

Los años pasan y pesan, aunque me parezca que pasan más y pesan menos. He tenido tantas cosas que aprender que no he aprendido nada y tengo tantas cosas que saber que mi vida -siento- ha sido hasta ahora demasiado corta. No hay verdades ni mentiras, no hay buenos ni malos para todos… y sí hay felicidad para todos, aunque esté mal repartida en los recuerdos y haya predisposición a verla y reconocerla o a negarla dependiendo de que queramos ver los vasos medio llenos o medio vacíos y nos sintamos víctimas de otros… que seguros que lo somos; como todos.

Lo somos todo: inteligentes y tontos, sabios e ignorantes, listos y torpes, buenos y malos, lo que nos da capacidad para poder ponernos en la piel de todos los prójimos porque todo eso y más lo llevamos cada uno de nosotros en nuestro ADN.

¡Ya lo sé! Por eso quiero escribir un blog en el que pueda ser, yo, universal y añadir, quitar, cambiar, dependiendo de cómo vea la partida: la vida. Como todos, como nadie.

Otro día sabré más lo que soy.