La lluvia

El agua, haragana, se deja caer de las nubes como un aguacero.
La tierra, aquí abajo, es su lecho.
Las gotas de agua se mueren cuando alcanzan las ramas;
los tejados;
el suelo.

El cielo está gris.
La lluvia resbala junto a mi ventana.

No; no son lágrimas.

Unos niños saltan y juegan en una charca.

La tarde no es triste.
La noche es oscura.
El agua refleja la luz de una farola.
El tiempo se duerme.
Las gotas que mueren lo arrullan.

Una tormenta gris

La lluvia caía sobre el suelo gris
de adoquines de la acera.
Sobre el asfalto teñido de gris
de la calzada.
Sobre las terrazas grises
del encima de las casas grises.
Sobre las fachadas grises
de piedra gris de los edificios grises.

El agua de la lluvia gris
formaba charcos grises.
Las ideas de la gente eran grises.
Tres o cuatro árboles grises plantados en la acera gris
decían adiós a los últimos días de sus existencias grises.

Era un día de tormenta.
Tormenta gris
sin rayos, ocultos tras las nubes grises.
Era una ciudad gris;
en un país gris;
con gente gris.

Se hizo de noche.
Una persona tuvo una idea e iluminó la oscuridad.